jueves, 19 de junio de 2014

Crónica


LEMEBEL SALAZAR  Y LA VIDA DESPUÉS DEL CÁNCER

Fue culpa del cigarro. Bueno, del cigarro y los excesos.

Leyenda : todo lo que causa un cigarrillo
 malogra por completo la vida 
Pedro Lemebel lo reconoce como lo que es: una profunda herida a la altura de la garganta, que él cuenta a punta de sarcasmos. Su entrecortada voz, que a ratos es un áspero susurro, es el más fiel registro de esta zancadilla en su vida. Es finales de 2013, en una sala repleta. Él anuncia que padece cáncer de laringe. Y luego agrega:
Cómo es la vida… Yo arrancando del sida y me agarra el cáncer.

Quienes lo conocen no se espantan. Si hay algo que Lemebel nunca perderá es su sentido del humor.
Mediodía, mayo 2013. Pedro Lemebel cruza la reja del edificio en el que pasa sus días solo, frente al Parque de mariano melgar. Se le reconoce a lo lejos, aunque está bastante más delgado. Lleva un chaleco gris, un pañuelo estampado al cuello y un pantalón plateado que brilla al sol.
Se sube al auto que lo llevará. En el asiento trasero deja a su lado una enorme mochila, que llama botiquín, y antes de partir advierte que no puede hablar mucho, que hay que aprender a leer sus labios.

Todo había empezado mucho antes, a principios de 2011, cuando sintió molestias para tragar y hablar. Como el problema no se solucionaba, hacia mediados de año fue hasta el Hospital Honorio delgado a pedir hora y a hacerse exámenes. Estaba seguro de que tenía algo, aunque no sabía qué. A las pocas semanas, le dijeron que había un nódulo complicado en su garganta.

El médico Marcelo corrales, quien se hizo cargo de su caso, decidió intervenirlo. En mayo de 2012, Pedro Lemebel se sometió a una laringectomía parcial.

Aún hospitalizado, publicó en su cuenta de Facebook: “Amigos, recién hoy entro a face. Acá en el hospital pasó lo terrible, fue una operación heavy. Perdí la voz, me sacaron casi todo. Laringotomía parcial, casi total, y con ese casi tengo que aprender a respirar, a hablar, a tragar, a aceptarme degollado de oreja a oreja”.
Estuvo internado 20 días luego de la cirugía. Solo unos pocos amigos podían verlo. “En el hospital había una lista de personas que podían pasar a verlo, por una cosa de dignidad también”, señala Sergio Parra, dueño de la librería Metales Pesados y uno de sus amigos más cercanos. “Al principio él escribía en una pizarra para comunicarse con nosotros, y lo siguió haciendo después en su casa. Nos preguntaba en qué estábamos, cómo iba todo. Nunca dejó de reírse”.

A los pocos días de regresar a su casa, Lemebel empezó a tratar, con esfuerzo, de sacar la voz. Mientras, su garganta era sometida a sesiones de radioterapia.
A ese tiempo yo le llamo “mi verano en Chernobyl” –dice Lemebel.
En diciembre pasado, a siete meses de su primera operación, Lemebel le insistió a su oncólogo en que las molestias habían vuelto y ahora más fuertes. El doctor Faraggi le dio una orden para una resonancia magnética. Lemebel se la hizo antes de irse de vacaciones a Isla Negra, en febrero de este año. A los pocos días, mientras paseaba por la playa, recibió un llamado de su médico. Le pidió que se devolviera urgente a Santiago, y ese mismo día fue internado otra vez en el mismo hospital en Providencia.

Lemebel recuerda claro esta recaída: “En casi todos los casos, cuando hacen laringotomía parcial, el cáncer vuelve a aparecer, y en este segundo examen encontraron en mi garganta un tumor maligno de tres centímetros que había crecido en dos meses. Me volvieron a operar a principios de marzo, así bien flash. Me hicieron una laringotomía total, una cesárea de laringe como le digo, y luego una traqueotomía. Yo sabía que tenía algo. Conozco mi cuerpo como nadie”.

Alguna vez se lo preguntaron. ¿Cuál es el sentido que más le dolería perder? Pensó en la vista, el oído, jamás en su voz. Lo dice lento y con una mano pegada al pecho, debajo del pañuelo que lleva amarrado al cuello. Debe presionar esa zona, sobre el orificio de la traqueotomía, para poder impulsar su voz hacia afuera.

A ratos le cuesta hablar y una tos seca interrumpe su conversación. Después de la primera operación pasó dos meses sin hablar, y hace seis, cuando se le ofreció esta entrevista por primera vez, aún no podía pronunciar ni una palabra.
“Me hizo bien estar mudo, a todo el mundo le haría bien un poco de silencio para pensarse. Los chilenos hablan tanto y agudo y gritado. El neoliberalismo farandulón los puso así, muy engreídos”, dice.

Localización: Arequipa
Leyenda : Instituto Regional de enfermedades Neoplásicas 
El 29 de abril fue intervenido para recuperar su voz definitivamente. Se le puso una válvula de fonación, un dispositivo que se coloca en la tráquea y que con ayuda de rehabilitación le permitirá pronto volver a hablar sin problemas.
Comenzó entonces sus sesiones con una fonoaudióloga, en el mismo hospital. Al principio iba dos veces por semana. Durante el par de horas que duraba cada encuentro, la mujer le enseñó a ocupar la válvula: a poner su mano sobre el pecho, cubrir el agujero que le dejó la traqueotomía en medio del cuello, y finalmente alzar la voz, como un rugido. Junto con eso, su doctor le dio un régimen alimenticio blando y le recomendó hacer actividad física. Ha perdido 10 kilos.
“Pensé que me iba a costar dejar el cigarro, pero el copete fue aún más difícil. Me gustaba la embriaguez. Hoy ando sano, y rara vez me tomo una copa de vino. Era tiempo de dejar los excesos. Me enfrenté a un cambio de vida radical, sobre todo en la alimentación. Estoy absolutamente desintoxicado, y en muy poco tiempo recuperé el habla y el ánimo. Lo que más duele de esto es la voz, cuesta adaptarse a una ajena. Tienes que domarla, hacerla tuya. Y en eso estoy”.

En el cuarto piso de un edificio antiguo. Allí está la consulta del naturópata que Lemebel visita una vez por semana. Se lo presentó su sonidista Constanza Farías, una de sus amigas más cercanas.

Ella ha sido clave en este tiempo. Constanza no solo lo apoya en su trabajo, sino que se reúne con él tardes enteras para que pueda ir afirmando el tono de su voz aún cambiante. Para eso, Lemebel graba lecturas –muchas veces lee sus propias crónicas– y ensaya las presentaciones que habían estado suspendidas hasta ahora que, más recuperado, siente que es tiempo de volver a hacerlas. Con la seguridad que le da poder leer de nuevo un texto de corrido y en voz alta.

“En algún momento él pensó que no podría llegar con la voz al tono o la intención que quería, y entonces me dijo que iba a chantar la máquinaEsto fue después de la primera operación. Pero después esta idea se le ha ido borrando de la cabeza y se dedicó a trabajar, a grabar, a ejercitar la voz en su departamento”.

Salió como una pantera, vestido entero de negro, tapado hasta la cabeza y con un fino hilo de voz, amplificado por un micrófono a lo Peter Gabriel. Presentó Háblame de amores, su última recopilación de crónicas que ya va en su cuarta edición. Pese a que casi era inaudible, aprovechó también la ocasión para dispararles a todos los que quiso. Después de eso, se hizo humo.
“Para ser escuchado y entendido, necesito de la sofisticación técnica, y por eso trabajo con mi sonidista, quien me acompaña en todos los viajes
En paralelo, prepara una antología de sus crónicas junto al crítico español Ignacio Echevarría, que se lanzará en octubre. También trabaja otros dos libros. El primero, aún sin terminar, es la novela El éxtasis de delinquir. El segundo, más encaminado, relanzará sus primeros cuentos, publicados en trípticos con el título Incontables durante los 80, cuando un profesor de Artes Plásticas llamado Pedro Mardones daba sus primeros pasos literarios sobre un par de tacos altos.
Recientemente, estuvo también nominado a un Altazor en la categoría a Mejor ensayo y escrituras de la memoria por Háblame de amores. El premio lo ganó el historiador José Bengoa.
“Si no ganó Tengo miedo torero en 2001, no espero nada del Altazor. Lo encuentro banal y muy ordinario. Además, los



escritorcillos machones chilenos me tienen bronca, me descalifican. Yo creo que Bolaño me hizo un gran mal al alabarme, me gané muchos odios”, dice.
De nuevo en el auto, tras su visita al neurópata, se decide a mostrar qué hay en su improvisado botiquín. Saca un recipiente de plástico con sándwiches de pan integral con verduras y aceite de oliva. También frutas, ropa para abrigarse, un celular de esos antiguos con pantalla verde y una bolsa café que envuelve trozos de queque hecho con marihuana.

“Siempre fui marihuanera, desde los 14 creo. Ahora me ha hecho muy bien para dormir y para levantar el ánimo, solo que no puedo fumar y la consumo en queque, en pesto y en ensaladas. Quizás debería ser legal, aunque en todo lo que se legaliza pierde el misterio, y yo amo el abismo de lo ilegal”, comenta.
Antes de ir a almorzar, pide caminar cerro abajo. El día está como le gustan: soleados y sin una pizca de frío. Se le acercan dos colegialas que lo reconocen. Le piden una foto con él. Pedro posa sin chistar, se despide y continúa caminando. A ratos parece ido, en otro lugar. Sus estados anímicos son vertiginosos. Ya lo había dicho su amigo Sergio Parra: “Es otro Lemebel el de ahora, uno que sigue teniendo humor, pero que también se volvió un poco como la Cordillera de los Andes: un día está arriba y el otro, abajo; nunca sabes cómo va a despertar”.
Leyenda: Mientras tanto en la sala de espera 

Hoy, con 60 años encima y lejos de los excesos y las andanzas callejeras de antes, Lemebel se sienta en el mismo restaurante donde alguna vez compartió con su madre y con amigas como Gladys Marín. Se llama El Membrillo. Aquí se la pasaban sentados toda la tarde, mientras duraran las cervezas y los cigarros. Ahora pide una cerveza sin alcohol para acompañar su pescado frito con ensaladas. A su lado, el inmenso mar y unas cuantas palomas que picotean restos de comida.
“Almuerzo todos los días en mi casa, porque cocino mis propias comidas naturópatas. A veces hago excepciones y voy a los bomberos de José Miguel de la Barra. Tienen muchas ensaladas. Aún me dan ganas de comer panitas de pollo con puré, pero sé que no puedo. Yo soy naturópata por salud, no por filosofía, y le debo mi estado físico a eso”, explica.
Nunca fue bueno para la cocina, pero con la enfermedad tuvo que aprender. Su nuevo régimen alimenticio le prohíbe, entre otras cosas, la carne –que ya había dejado antes– y la leche. En lugar de eso, debe comer un kilo de fruta diario y muchas verduras. Por eso, casi todos los días, de mañana o tarde, va a La Vega en busca de esos productos y cocina sopas de verdura .

“Hoy veo a Pedro con la calma natural de quien ha pasado por una enfermedad que requiere cuidarse. Me sorprende su optimismo, las ganas de dar la pelea. A ratos, sin embargo, se ha sentido muy solo, a ratos decaía”, dice Jovana Skarmeta, una de sus mejores amigas.

En su período de recuperación, Lemebel también retomó el yoga, que practicaba hace años y que alguna vez dejó de lado. Tres veces a la semana hace kundalini, mientras en su casa –un departamento grande que tiene un balcón que mira al sur– ya no suenan Juan Gabriel ni Joan Manuel Serrat. Hoy disfruta la música de meditación.

Pedro Lemebel reconoce que a veces echa de menos gritar. O ser el tipo itinerante que encontraba sus relatos en las calles., donde se perdió y enamoró tantas veces, donde la cocaína lo atrapó y sacudió, donde fumaba hasta 10 cigarros diarios, bebía cerveza hasta embriagarse y luego vagaba por la ciudad para terminar echado por ahí, ojalá contemplando el mar. Ahora tomo conciencia de todo lo que le sucedió aprecia más la vida cada momento que pasa , junto a sus familiares fue una gran lección .



crónica


NAZCA, AREQUIPA, PUNO Y SU MILENARIO ENCANTO

Localización: La Huacachina - Ica
Leyenda: La historia que guarda este lugar 
Los encantos del Perú son como un paraíso donde puedes ir a distraer tu mente elecciones como en lo que les voy a contar en mi crónica.

Previa visita al encantador valle de Lunahuana, a la Reserva de Paracas, las Islas Ballestas y a la siempre cálida Ica y su singular Huacachina, llegamos a Nazca.

Luego de sobrevolar las Líneas de Nazca tomamos el bus de la empresa Cruz del Sur y enrumbamos a la ciudad de Arequipa.

Realmente, un viaje algo pesado que ameritaría que desde Nazca hubiera vuelos hacia Arequipa e incluso hacia Cusco también, para aquellas personas poco tolerantes a viajes por tierra tan largos. 

Llegamos a Arequipa a las 7 de la mañana y constatamos que Arequipa sigue creciendo sin embargo aún su lado flojo es el caótico tráfico vehicular.
A pesar de algunas voces discordantes, el Centro Histórico se muestra limpio, ordenado y pujante con muchas posibilidades para visitar, comer o comprar.

Una mención honrosa es el restaurante Wayrana en la cuadra dos de Santa Catalina. En cuanto a alojamiento, volvimos hacerlo en el Mirador del Monasterio, un bonito hotel 3 estrellas; aunque otra posibilidad, un poco más cómoda y de buen servicio, es el Apart hotel Santa Teresa también de tres estrellas en el centro de la ciudad Blanca.

Luego de estar en la ciudad, -lamentablemente un solo día que no es lo más recomendable, lo ideal es al menos dos o tres días - fuimos de visita al Cañón del Colca. La carretera hacia Chivay está bastante bien más no así el tramo Chivay-Cabanaconde. Cómo es posible que el Gobierno Regional no haya hecho nada para asfaltar este transitado trecho.

Hicimos un trek desde Cabanaconde hasta San Juan, pero la verdad que fue bastante decepcionante ver como las cosas no han mejorado y más bien han empeorado.
Los servicios de alojamiento y comida son bastante malos y encima la gente es poco receptiva a los consejos y /o sugerencias.
Luego de almorzar en Chivay, al final del tercer día de permanencia en el Cañón del Colca, nos dirigimos a Puno por una carretera en perfecto estado de conservación. En el trayecto pasamos por Juliaca, que sigue siendo una ciudad caótica aunque con un gran movimiento comercial.

Otra de las ciudades atractivas que tiene el Perú

Leyenda: El lago Titicaca, lo tradicional las totoras 
donde veras un impresionante lugar mitológico 
Puno nos sorprendió gratamente. Después de casi dos años regresamos y vimos una ciudad más limpia y ordenada; con una gran inversión en hotelería y servicios. Mención honrosa al Hotel Qalasaya, desde cuyo décimo piso se tiene una magnífica mirada al Lago Titicaca.
Luego fuimos a las islas de los Uros, Amantani (donde pernoctamos una noche. Felicitaciones señora Justa: una linda estadía con ustedes) y Taquile. Llegamos
casi al finalizar la fiesta de Santiago.
Clímax
Aquí vimos como los pocos recursos no son utilizados con eficiencia , se ha construido un local municipal usando recursos que bien podrían haberse dedicado a obras de agua y desagüe aún necesarias.
Otra de las cosas que nos molestó mucho, fue cuando nos informaron que algunas agencias de viajes mantienen deudas con los pobladores de Taquile y no las pagan.
Que injusticia que se cometan estas malas prácticas comerciales, máxime que los viajeros pagan con un buen tiempo de anticipación y en muchos casos a los comuneros se les paga tiempo después de realizados los servicios.

Al regreso, volvimos en una lancha en donde la esposa del capitán de la misma nos hizo una demostración del milenario arte de tejer. Fue un viaje maravilloso.
Una observación para los viajeros: al tomar el servicio de lanchas, pregunten qué tipo de lancha están escogiendo: la normal, la rápida o la veloz.
Aquí el tiempo de duración del viaje está en relación inversa al precio pagado. A mayor tarifa, menor tiempo de viaje.

crónica



Volando en el Asfalto


Localización: Mariano Melgar
Leyenda: La verdad que poco faltó para 
que la combi de la  muerte 
en que me embarqué terminara así.
Las desgracias que podemos soportar vienen del exterior: son accidentes. Pero sufrir por nuestras propias faltas... ¡Ah!, ahí está el tormento de la vida.

Como casi todos los domingos tomé una combi hacia Mariano Melgar para visitar a la familia. Paré una Nissan Homy de la Línea “C” en el paradero de Héroes Anónimos y pillé desprevenida y adormilada a un pasajera que iba en el asiento de adelante. Con un “gracias” mecánico me acomodé en un asiento ya de por si caluroso y me sumergí en mis pensamientos.

Rápidamente salí de mis meditaciones personales, porque el chofer, (apenas pasados unos segundos de voltear para seguir por la avenida Independencia), empezó una frenética carrera contra otro vehículo de la misma línea. “¡Es el gordo Machucao!” dijo la cobradora, casi escupiendo el nombre. Suficiente información para que el flaco y despeinado conductor pasara de tercera a cuarta en lo que demoró el motor de atragantarse, roncar y salir despedido, con nosotros como carga, hacia adelante.
Leyenda: Conductor imprudente
por conducir a velocidad ,se mereció
una  papeleta .

 SACANDO CHISPAS A LA PISTA
La pista, entonces, se me volvió irreal, saqué el brazo de la ventanilla por una reacción de seguridad mientras mis dedos buscaban inútilmente el cinturón de seguridad. El olor a velocidad era palpable, conjuntamente con el despertar frenético de mi compañera de viaje que abrió los ojos como plato cuando pasamos de refilón a un Tico que tuvo la “insolencia” de pararse a media cuadra de la frentera de la UNSA.


Justo en ese momento, el competidor nos dio alcance y nuestro “Meteoro” local lo sobrepasó con un quiebre de volante que obligó al otro chofer frenar para evitar el beso metálico. Por la ventanilla (y sacando media cabeza afuera) nuestro Fangio local le gritó: “Para ser ´fercho´ de calidad te falta papito”, no contento con su hazaña, puso más distancia entre nosotros y el otro vehículo, maniobrando entre un Toyota Corolla blanco, dos ticos amarillos y una camioneta Pathfinder, cuyo conductor no alcanzó a decir nada, aunque en sus ojos vi toda la genealogía dirigida al conductor nuestro.

La Radio cumbiera soltaba a mansalva “Basta ya mi Amor” del Grupo Aguamarina. El calor se me expresaba en un sudor pegajoso. La cobradora y su voz chillona en tonos graves y furiosos me mantenían en una especie de éxtasis causado por la visión de una irreal marcha de monstruos cachudos y valquirias tipo andino que se interponían en nuestro camino

QUE VEO QUE ME MAREO…

Leyenda: Gran cantidad de personas se encontraban en 
la pista , lugar cerrado no dejaban circular a las combis 

Estábamos en la avenida Sepúlveda y coincidimos con un mini corso de la comunidad puneña de esa zona, que, no escogiendo mejor momento que la hora del almuerzo, decidieron salir a las calles a mostrar el arte de sus danzas.

Nuestro antihéroe local no se amilanó y, en un descuido de un Tercel verde, metió la trompa de la combi en un espacio que, a mi parecer, pertenecía a un peatón.

Este último desapareció de mi campo visual porque ya lo ocupaba otro que se nos cruzó por delante a media cuadra y entre un sonoro “¡salte de allí…!” y algo que me recordó, salimos del trance para frenar en seco detrás de una camioneta destartalada marca Dogde.

Leyenda: bailarinas muy alegres 
mostrando danzas de su localidad 
Tiempo para ver  los caporales con lentes para sol y bloqueador solar chorreando en sus trajes.

Un par de alcohólicos se pusieron a bailar en medio de la comparsa y cuando uno de ellos ya se había metido en el papel de director artístico, fue sacado a empellones por un policía que no aguantó pulgas etílicas.


El movimiento acelerado, que mi cuerpo empezó a realizar me devolvió a la realidad de mi situación. “¡Alguien baja en el Puente, si nadie baja me voy de frente!”, vociferó el chofer.

 Ahora su voz se mezclaba con la canción del Grupo América: “Que pasó”. Atiné a solo mencionar mi destino para recibir un “sí, sí por ahí pasamos”, a lo que conteste con un seco: “quiero llegar vivo allá ¿eh?”, a lo que me respondió un volteada de cara y un empujón hacia atrás producto de la repentina acelerada de nuestro Schumacher criollo.

Una serie de maniobras que no me permitieron ver claramente las bandas, osos, ángeles y demonios del Corso que pasaba paralelo a nosotros. Así llegamos al Ovalo enfrente del Cuartel Bustamante.

Allí frenamos en seco porque los bailarines habían volteado y cerrado el paso, rumbo a la Villa Militar del Cuartel Salaverry. El chofer paró y soltó un “¡bueno! diez minutos pararemos aquí”, cosa que me sirvió para recuperar la cordura y bajar raudamente de la unidad de transporte y respirar tranquilo, como si hubiera salido de un peligro mortal, a mis oídos llegó la voz increpadora del chofer a la cobradora: “¡oye cóbrale pues! ¿Acaso pagó?”. Qué no hubiera dado por sonreír y dejarlo con la palabra en la boca, pero, lastimosamente ya había pagado mi pasaje y me faltaban seis cuadras por caminar, pero la verdad, cuando uno pisa tierra después de una experiencia así pueden ser seis o veinte cuadras, da igual.


Nadie sabe en qué momento, en esta ciudad, uno puede convertirse en el protagonista del film “Rápidos y Furiosos” como me pasó este fin de semana.


crónica



FUE EN SEMANA SANTA

Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
Localización: Mariano Melgar
Leyenda: Semana santa escenificación 
El último día que vio Lucas a sus padres fue un Viernes Santo. Ese día, como otros días, se drogó. En esa época las calles paraban llenas de ambulantes que vendían incienso, mirra, cruces, herraduras, caparinas y diana. En los sitios que él conocía se vendía alcohol, cigarros, marihuana, pasta y cocaína. 

Se llevó de todo un poco para su casa y se intoxicó durante toda la noche.Al día siguiente, su madre entró a su cuarto, a pesar del olor nauseabundo, no pudo reprimir sentirse dolida y culpable. Amaba a su hijo y concentró todo ese sentimiento besándole la frente y acariciando esa cabeza llena de rulos hirsutos mientras le susurraba algo desde lo profundo de su corazón al oído.

     Leyenda: mientras que Jesús murió para salvarnos 
     de nuestros pecados, la gente hace todo lo contrario 

Luego, le dejó una nota en la mesa de la cocina indicándole que le preparara el desayuno a su hermanito menor, porque ella y su papá se iban a comprar las cosas de la semana al mercado… fue lo último que le escribió.

Al mediodía, su hermano de seis años lo despertó llorando porque unos hombres estaban tocando fuerte la puerta de la calle y lo asustaron. Cuando les abrió, todavía estaba ebrio de droga, con los ojos lagañosos y la conciencia confusa. Al ver a los policías, se le vino a la mente el recuerdo de la vez que se lo llevaron al cepo por tener en su poder 200 gramos de hierba, así que empezó a temblar.

  Leyenda: Mientras se sentía un ambiente
 de tristeza  familiares preocupados
Pero la Policía no venía a llevárselo por drogas, sino se lo llevaban a la Morgue Central para que identificara a sus padres. En medio de su confusión y dolor no atinó a hablar más que para dejar encargado a su hermanito a una vecina. En el camino le contaron que la combi donde viajaban al mercado se estrelló con un taxi, pero que después una camioneta impactó contra la combi en seguidilla. Sus padres murieron allí.

Ya en la cámara fría de la morgue, sacaron de las congeladoras los cuerpos tapados de su padre y su madre. La primera, cuando la destaparon, revelaba un rostro preocupado, con una mueca incierta. Sus labios estaban amoratados y nunca lo volverían a besar, pensó. En su padre, encontró una mueca de tristeza, como si el último pensamiento no fuera de dolor sino de pena. Los brazos musculosos de su padre, que muchas veces lo sostuvieron cuando estaba ebrio, ya no lo harían jamás.

En medio de las sombras de su incertidumbre, firmó los papeles correspondientes, autorizó el trato con una funeraria y se fue a su casa

En el carro empezó a llorar, las nubes de la droga se le disiparon por fin y comprendió la terrible realidad: se había quedado solo, pero no, no sólo él, sino también su hermanito que lo esperaba para recibir la terrible noticia. ¿Cómo explicarle a un niño algo así? ¿cómo decirle que el amor que necesita, el abrazo cuando llorara, cuando sienta hambre, cuando tenga pesadillas y necesite a una persona que lo escuche cuando triste esté, ya no lo estará más?



Los niños son un misterio, a veces, toman las noticias más terribles con la simplicidad de la realidad. Juancito lloró un rato en los brazos de su hermano, pero luego le preguntó si tenía hambre, porque había sobrado algo de los sándwiches de mantequilla que se había preparado. Fueron a la cocina y encontraron la nota de la mamá. Esta vez el que no paró de llorar fue Lucas.

La pelea legal por la tenencia de su hermano fue dura. Lo acusaron de ser drogadicto y sí pues, los análisis revelaron lo imborrable.

Así que el pequeño fue a parar a manos de unos tíos paternos, estrictos y duros que no le permitieron verlo. Lucas cayó en depresión profunda y se volcó a las drogas de nuevo. Las noches las pasaba envuelto en el humo nocivo que entraba en sus pulmones, matándolo lentamente mientras trataba de olvidar con cada inhalada el dolor de ser un paria.
Una noche, escuchó una voz que le hablaba en susurros. A la mañana siguiente, el eco de esa voz lo persiguió por la casa. No lo dejó tranquilo.
Cuando juntó los soles necesarios para su dosis diaria de droga, se encaminó hacia la Calle del Desengaño, pero algo no se lo permitió, así que dio media vuelta y huyendo no paró de correr hasta llegar a su casa y refugiarse entre las sábanas de su cama para llorar hasta quedarse dormido.

Al día siguiente, empezó por ordenar su cuarto. Sacó los papelitos de periódico de los lugares más inhóspitos, limpió su escritorio, botó papeles, sacó ropa sucia y baldeó el piso. Mientras se oreaba la habitación, barrió y arregló los demás ambientes, la cocina, el cuarto de sus padres, el patio.

Lavó su ropa y durmió para luego levantarse y prepararse algo de comer. Recién allí se dio cuenta que no tenía comida fresca. Así que optó por un atún y pan seco. Al otro día, se fue a su trabajo lavando carros para agenciarse unos soles, así lo hizo por tres semanas más hasta que juntó lo necesario para llamar a su hermano, irse donde un pariente lejano para pedirle trabajo y comprar unos regalos para Juancito. El domingo fue a visitarlo y le dejaron verlo por media hora… –¿Estás bien?-,preguntó, -Sí hermanito, pero sólo que te extraño y me da miedo en la noches, mi cuarto es frío-, le contestó el niño con una mirada de aprehensión, -No te preocupes, todo va a cambiar- le prometió y se fue.
Leyenda: Se retiraban los cadáveres de los padres donde 
lamentablemente fallecieron a causa de un choque 

Las semanas siguientes fueron una batalla contra su vicio. A veces tenía que encerrarse y tomarse pastillas para dormir. En los centros de rehabilitación, donde lo llevaron sus padres en el pasado, las rejas y los “hermanos” le evitaban escaparse para fumar. Allí, en la soledad de su casa, su voluntad era la carcelera.



A veces recaía y al otro día se levantaba con una cólera que lo dañaba durante días, pero ir a ver a su hermano, limpio y llevando alimentos para poder estar con él unos momentos, lo animaba a continuar. Los tíos veían este cambio en él sin mencionar palabra alguna. Un día conversaron. Le explicaron que Juancito estaba muy inquieto mientras no lo veía, que no reía con ellos y que al parecer, él había dejado el vicio. En todo caso Lucas, te llevas a Juancito los fines de semana, y si sigues como estás, de repente, óyeme bien, de repente puedas quedarte con él , le dijo su pariente, muy serio y mirándole a los ojos.

Imagínense un despertar a las seis de la mañana de un día de semana: hay que hacer el desayuno, sacar la basura, planchar la ropa para que el escolar vaya al colegio, ir a levantarlo, que se bañe con el agua tibia de una terma comprada con esfuerzo. La mesa limpia tiene panes frescos y mantequilla, mortadela, mermelada. El plato de desayuno tiene arroz con huevos fritos. La taza tiene leche con chocolate. El niño come todo mientras le cuenta al hermano qué hará ese día en el colegio. Cuando se va el niño, el hermano mayor arregla la casa y se va a trabajar contento… ¿Es un sueño? Puede ser, la realidad y la felicidad muchas veces cuando se juntan producen una sensación de irrealidad, pero para Lucas, esta es la rutina de su vida nueva, vida limpia si cabe la forma.

Pero, falta algo. Un día, a tres años de la muerte de sus padres, los dos están en una representación de la Pasión y Muerte de Cristo, allá en el distrito de los Andenes Floridos. Juancito pregunta mucho sobre eso y Lucas trata de responder con lo aprendido en el colegio. De pronto, se acuerda de unas palabras. -¿Sabes lo último que me dijo mamá?, le dice a su hermanito, -¿Algo sobre mí?-, repregunta el pequeño, -Sí, me dijo al oído que tenía que cuidarte. Se hace un silencio y el viento les susurra nuevas cosas al oído. Creo que mamá sabía que iba a morir-, le dice el pequeño, con esa madurez que le caracteriza. -Sabes hermano, yo sé qué hacías cosas malas, pero ya no. ¿Eso es un milagro?-, pregunta.

El hermano mayor medita un momento recordando, -Sí Juancito, creo que eso fue un verdadero milagro- le contesta y se van caminando comiendo sus manzanas acarameladas

crónica


MACHU PICCHU: LA CIUDAD PERDIDA DE LOS INCAS

Localización: Machu Pichu , Cuzco  
Leyenda: visitando la ciudad de los incas 
Es un lugar lleno de mística, es un monumento a la divinidad,  en donde el hombre se siente realmente como una criatura de los dioses, el cariz abrumador de su espíritu, parece transportarlo a un lugar mágico donde cualquier cosa es posible, de manera inimaginable. 

Es un lugar donde las fuerzas extrañas de naturaleza le transportan a uno a un estado cósmico incomparable, Es uno de los centros arqueológicos más famosos del mundo, y por ende, el atractivo turístico más visitado en el Perú.

Machu Picchu  fue la joya de la arquitectura del Imperio Inca, los conquistadores españoles nunca llegaron a ella. Quizás por su situación tan escondida,  en el curso alto de un río sin camino de ribera; y por su altitud, a casi 2.350 metros; por su abrupta topografía o por la exuberante vegetación que la cercaba y que posteriormente la cubrió, lo cierto es que, al tiempo que se  ampliaba la conquista, Machu Picchu se fue abandonando mientras se extinguían lentamente sus pobladores.

Por eso siempre se habló de “la ciudad perdida de los Incas” sin que se supiera a ciencia cierta su ubicación. Pero, al mismo tiempo, esta ignorancia la salvó de su desaparición. Fue por ello una inmensa sorpresa el hallazgo que Hiram Bingham dio a conocer al mundo, un 24 de Julio del año 1911, hace poco más de un siglo. Y sin embargo alguien se le había adelantado. Agustín Lizárraga, un hacendado local,  había estado por allí nueve años antes y   varias familias campesinas habitaban entre las ruinas incas. Pero Bingham se llevó la gloria al tener detrás a toda la Universidad de Yale y la National Geographic Society, con mucho dinero para promover  excavaciones.

En 1912 el tal Lizárraga murió ahogado en el río Urubamba y el americano trasladó a su universidad más de 45.000 piezas arqueológicas para su estudio.  
Eran objetos de piedra, de metal y de cerámica, así como restos humanos; todo ello de origen inca. Las mismas piezas que, ahora, el gobierno peruano lleva años intentando repatriar como germen de un futuro magnífico museo de la ciudad perdida de Machu Picchu. 

Leyenda: Visualizando los andenes 

Controversias aparte, este Santuario Histórico, una de las 7 Maravillas del Mundo y Patrimonio de la Humanidad desde el año 1983,  constituye la ruina más impresionante y mejor conservada de una ciudad inca, aparte del principal yacimiento arqueológico de América del Sur. Esto lo ha convertido en objeto de deseo del turismo internacional que en el año 2008 llegó a alcanzar nada menos que 858.000 visitantes. Desde entonces, por recomendación de la UNESCO, solo son admitidas 1.800 personas diarias.

Hemos hablado del Valle Sagrado como una zona de gran altitud: casi 2.000 metros. Ascendiendo unos 500 metros más, desde la cuenca del río Urubamba, se alcanza Machu Picchu. Ya conocemos la subida; una zigzagueante carretera de unos cinco kilómetros,  limitada a los minibuses oficiales, únicos vehículos que la transitan, y  que ascienden en apenas quince minutos desde Aguas Calientes. Terminan su recorrido en una estación, justo a la entrada del yacimiento,  donde se ubican las taquillas, un restaurante, una tienda de souvenirs y la entrada del único  hotel, Machu Picchu Sanctuary Lodge,  ubicado junto a las ruinas.  Es una zona siempre llena de visitantes que comienzan o terminan su visita. 

La entrada hacia las ruinas se realiza por un  angosto sendero, situado  justamente después de las taquillas para la compra del  billete. Un ticket que tiene validez para dos días,  ya que la magia del lugar se presta a más de una visita. El recorrido de las ruinas, aún bajo las nieblas de la madrugada, para ver la salida del sol,  es muy recomendable.

A las 5 de la mañana, ya suben los primeros autobuses y desde luego, el madrugón merece absolutamente la pena. Y si, además, el guía realiza ejercicios de contacto con la naturaleza y percepción energética, la temprana visita se convierte en algo inolvidable.  
La ciudad, en muchos aspectos aún enigmática, se debió construir hacia 1450 y un siglo más tarde ya había sido abandonada. Con una construcción perfecta, adaptada a la estructura del terreno, mantiene una excelente armonía y una perfecta integración con la naturaleza que la rodea. De hecho forma terrazas, que servirían de espacio para la agricultura,   en la cima del escarpado cerro de Huayna Picchu, con un meandro del río a sus pies. 
Se puede hablar de una ciudadela, de un santuario y hasta de un mausoleo. Hay murallas, templos y una zona urbana con dos partes: la ciudad alta ó hanan (al oeste) para el culto y las autoridades; y la ciudad baja ó hurin, donde residían los comerciantes, artesanos, etc. Ambas separadas por la gran plaza pública y formadas por múltiples calles, graderíos unidos por peldaños, sistemas de canales de agua, plazuelas, casas, templos, fuentes y diversas construcciones mayores y menores.     

Se dice que ninguna otra civilización ha conseguido ensamblar mejor los inmensos bloques de granito que, aun sin cubiertas, han aguantado el peso inmisericorde del tiempo y la vegetación. El acceso desde la casa del cuidador, lleva hasta unos escalones que con esfuerzo é ilusión permiten alcanzar una pequeña explanada desde la que dominar todo el conjunto. Allí se pueden pasar horas contemplando, a nuestros pies, todo aquel inmenso panorama. Un sueño onírico, una presencia majestuosa y enigmática. Una sensación telúrica y extrañamente vital.

 Leyenda: Esperando que llegue el tren 
que nos llevara a pasar una tarde con grandes 
A sugerencia de nuestro guía, un punto chamán, los componentes de nuestro grupo, unas 20 personas, se descalzaron sobre la hierba y enlazando sus manos, formaron una rueda para recibir la energía de la tierra que, en aquel lugar, es según dicen, de extraordinaria fuerza. Después, al margen de las explicaciones debidas y diversas, la visita nos llevó  a deambular por casi todas rincones, mientras te sientes inmerso en aquel increíble lugar, en medio de un silencio casi místico. En repetidas ocasiones aparecen los tres niveles de existencia del universo inca: la Serpiente  - el inframundo - , el Puma  - el mundo físico - y el Cóndor o mundo celestial. 

El Templo de las Tres Ventanas, juega con los rayos del sol en el solsticio de invierno. Y en el Templo del Cóndor podemos observar los  nichos en donde se situaban las momias, perfectamente conservadas por la altura y el frío invierno.  El Templo del Sol es la construcción más sublime de Machu Picchu, con forma de torreón sobre una gran roca, en cuya parte inferior se halla la Tumba o Mausoleo Real. No muy lejos, la Piedra Intihuacana, pudo servir, según los arqueólogos,  como Observatorio Astronómico para observar los movimientos del sol, los astros, las constelaciones y los solsticios; así como los cambios estacionales de los días,  que aportaban datos útiles para los cultivos, que se explotaban en los bancales de la ciudad.

Este sector cercano al templo, a la gran plaza y a la fuente principal, se supone la residencia  real donde habitaba  el Gran Inca Pachacútec durante su estancia en Machu Picchu.  Aquí debieron de realizarse las ceremonias y ritos principales ya que todos los edificios que la rodean tienen carácter ritual.  
Todos los años, se celebra aquí la brillante  Fiesta del Solsticio y Alejandro Toledo, el primer presidente de origen inca que ha tenido Perú (2001-2006), realizó aquí su ceremonia de Investidura.

Escaleras y jardineras naturales recorren Machu Picchu de arriba abajo. Las corrientes de agua canalizadas que alimentaban un inteligente sistema de drenaje y regadío, aún saltan cantarinas hacia el fondo del valle. Y  las llamas que pastan a sus anchas por entre las ruinas  son el blanco obligado de las cámaras de los turistas
Con suerte escucharemos al Tunqui, pajarillo negro y rojo, ave nacional del Perú que habita entre estas piedras; también podremos  contemplar las Orquídeas, de pequeño tamaño pero de bellos colores 

Frente a esta zona de Machu Picchu (en quechua cumbre vieja) se sitúa el pico de  Huayna Picchu ócumbre nueva. Sobre él se alza el templo de la Luna, orientado hacia el poniente, por donde sale la luna y comienza la noche.
Los viajeros intrépidos, senderistas y amantes del  tracking pueden acceder a Machu Picchu por el exclusivo Camino del Inca  que a lo largo de  39 kms se tarda un  promedio de 4 días en recorrerse.

Asciende desde el Valle Sagrado y tiene una limitación de 500 personas por día. Se realiza en grupos organizados y  obligatoriamente acompañados de un guía experto. Toda una aventura que permite visitar hasta 30 pequeños yacimientos arqueológicos a lo largo del camino.

Leyenda: En el tren full diversión 
A las 17.50 en punto, se cierra el acceso a las visitas y comienzan a descender los últimos autobuses hacia Aguas Calientes. De regreso a nuestro alojamiento, el Hotel Sumaq,  situado junto al río Urubamba,  nos esperaba junto con el merecido  descanso, un apetecible spa y una excelente cena de gastronomía peruana.

A la mañana siguiente, a las cinco en punto de la madrugada, iniciamos nuestra última visita a Machu Picchu.  Los jirones de niebla aún cubrían las ruinas sagradas.  Queríamos ver salir el sol sobre el horizonte,  situados en los lugares rituales que se supone utilizaban los sacerdotes incas, para saludar al astro rey cada mañana.

Los primeros rayos de sol, que atravesaban la espesa niebla, nos saludaron con fuerza. Un momento sublime, envuelto en el silencio que solamente rompían los cursos de agua y los cantos de las aves madrugadoras. En cuestión de minutos la niebla de disipó por completo y dio paso al  espectáculo inmenso de la ciudad renacida desde la noche abismal,  las ruinas telúricas y el inmenso conjunto de montañas circundantes que nos sobrecogió con una emoción que todavía nos  embarga al recordarlo.

Nos despedimos de Machu Picchu, a donde desearíamos regresar en otra ocasión. Ese mismo día, poco antes de las 10, tomamos el tren de regreso hacia Cuzco. Era el tren expreso con vagones visitando (de visión panorámica), donde, tras el desayuno,  pudimos asistir sobre la marcha, a  un original pase de modelos a cargo de las azafatas del ferrocarril. Asombroso desfile al son del traqueteo del tren; bonita ropa y complementos en tejido puro de la mejor alpaca que incitaba a comprar al instante. Hora más tarde estábamos de nuevo en Ollantaytambo para retomar el autobús en dirección a Cuzco.